martes, 8 de enero de 2013

Ruta BTT hasta el parque eólico de Gorría, desde Cillán (Sierra de Ávila)

Del buen suceso que los valerosos escuderos beteteros tuvieron en la amigable y por mucho tiempo deseada aventura de los modernos molinos de viento, esos generadores eólicos que nos están inundando la sierra de Ávila, con otros sucesos añadidos dignos de recordar...

Y es que después de mucho esperar, por fin nos decidimos a echar las burras al coche para acercarnos hasta Cillán y allí, de la mano de los apuestos hidalgos Carlos Elías y El mi Juli, emprender esta peculiar aventura. Junto a estos dos valerosos caballeros nos juntamos otros tantos escuderos, hasta llegar al número de 23. Que no es mal número para asaltar la sierra y fotografiar de cerca los molinos con sus infinitos brazos y esbeltos portes blancos.




La cita era en Cillán a las 9 y ya de camino pudimos comprobar el blanco manto de hielo y escarcha que cubría los campos y que nos había regalado la noche. ¡Parece que vuelve el invierno!
Pertrechados, los unos y los otros, con disfraces multicolor y solucionados algunos contratiempos iniciales, espoleamos nuestras burras mecánicas para dar comienzo a nuestra modesta hazaña deportiva por la vecina sierra abulense.
Los caminos estaban duros gracias a la helada nocturna y en un continuo y ligero subir nos pusimos en Narrillos del Rebollar, localidad tranquila en la que un paisano intentó disuadirnos del asalto... '¡Qué no son gigantes, que son molinos! Y para subir mejor una moto, no esas caballerías sin motor que gastáis...' Y es que son sabios los paisanos de la zona... Pero nosotros somos tercos y estábamos obcecados con nuestra particular odisea molinera... ¡Vamos!, ¡que no son gigantes, que son molinos!



Platito de postre y piñón grandecito para comenzar la subida por unos caminos empinados, muy empinados, con hielo resbaladizo en algunos tramos, arena suelta, piedras de calibres variados interrumpiendo el avance del grupete hacia los gigantes giratorios... Total, que ante tantos factores que pretendían ponerse en nuestra contra decidimos echar pie a tierra durante unos metros para no dar con el lomo en el suelo y no desgastar muchas energías en estas empinadas cuestas... ¡100% ciclable!
Y piano piano, no sin esfuerzo, pudimos subir a lo alto del cerro para ver, cara a cara, a esos blancos gigantes a los que en su día Don Quijote gritara aquello de 'no huyáis, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete...'
Y sí son grandes, sí. ¡Menos mal que nosotros éramos 23!
Las vistas desde este lugar son magníficas. No os las voy a contar. Tenéis que subir para disfrutarlas en primera persona...

Vídeo de El mi Juli 'Calleja'

Aquí aprovechamos el momento para hacer un receso y sacar algunas frutas del morral; no hubo viandas de gorrino, quesos y caldos de Toro para redondear el momento... ¡Todo se andará en futuras visitas!

 
Reagrupado el rebaño seguimos subiendo con nuestros jumentos de dos ruedas entre gigantes de tres brazos para acercarnos hasta el alto del Cerro de Gorría. Nos acordamos del amigo Isma, buen conocedor de esta zona de la sierra de Ávila que tantas veces nos ha guiado por estos parajes serranos, y de otros valientes caballeros andantes compañeros habituales de nuestras rutas en BTT... Pero cuando no se puede, no se puede...
Desde aquí nos queda un rato disfrutón de bajada hasta San Juan del Olmo. Un descenso por pistas bastante anchas y en bastante buen estado pero que, como todo descenso, se pasa rápido...



Barrita energética para el cuerpo y encomendación, cada uno a su santo, o santa, para reemprender la marcha hasta Valdecasa... Y como no puede ser de otra manera, volvemos con el soniquete: Sube, sube y sube... ¡Vaya rampas!
Salen en esta villa dos paisanos a recibirnos y darnos conversación. Aún se acordaban de Berna y Carlos Elías, dos escuderos que pasaran tres días antes por estos barrios para hacer la prospección de la ruta (fotos de Carlitos de ese día). Los sabios y experimentados vecinos intentan convencernos de que no subamos y tomemos la carretera, mucho más cómoda y no tan empinada... Je, je... ¡Si es que hay gente para todo!

Miedo nos da seguir la marcha. ¡Vaya subidas nos esperan! Aprovechamos para llenar las cantimploras en la fuente, hacer unas fotos, chascarrillos varios y con miedo, pero con ganas, nos subimos a las cabalgaduras mecánicas para seguir subiendo con buenas artes por unas empinadas cuestas... ¡Y mira que se hace largo el acercamiento a los molinos!
Meteorológicamente el día ha sido magnífico y la llegada al alto invita a compartir alimentos y conversaciones... Una pena no haber subido un bocata y unas cervezas, hoy el día invita a pasarlo en la sierra...

Después de solucionar algunas averías (otras quedan para casa) nos ponemos manos a la obra, o pies a los pedales, y ahora sólo nos queda el disfrute de la bajada hasta Narrillos del Rebollar y Cillán.



Un día magnífico que rematamos en el bar, como no puede ser de otra manera, con este buen grupo de amigos, no con aguas de achicoria y cueros rancios para chupar, sino con unas ricas cervezas, unos sabrosos pinchos y unos roscones de Reyes que había llevado Chemademán...
¡Otra gran jornada betetera!
Y, efectivamente, no eran gigantes, eran molinos... ¿¡O eran molinos gigantes!?



Las fotos embebidas en este artículo son mías, de Eutiquio y de El mi Juli. También podéis ver a través de estos enlaces las de Rafa (fotos y algún vídeo), Candi, Miguel Manjón, Cris, Manolo... Gracias por compartir el material gráfico (seguiré subiendo más documentos según vayan estando, que se están cociendo...).